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1   Las Bacanales.
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Las bacanales lograron una gran difusión en el ámbito del Mediterráneo… pero en qué consistían?.. Por Clara Luz Zaragoza.

Las bacanales eran fiestas orgiásticas para los iniciados en el culto secreto del dios, y traen su origen en los ritos desenfrenados a Cibeles, Baco, Atis y Sabacio que se celebraban en Frigia y en Tracia. Los tracios, especialmente, adoptaron el antiguo culto de Baco y lo dotaron de características bárbaras.

 

“Alternativamente, magas, seductoras y sacrificadoras sanguinarias de víctimas humanas, tenían sus santuarios en valles salvajes y remotos. ¿Por qué encanto sombrío, por qué ardiente curiosidad, hombres y mujeres eran atraídos a esas soledades de vegetación lujuriante y grandiosa? Formas desnudas, danzas lascivas en el fondo de un bosque..., después risas, un gran grito y cien bacantes se arrojaban sobre el extraño para dominarlo. Debía jurarles sumisión y someterse a sus ritos o perecer. Las bacantes domesticaban leones y panteras que hacían aparecer durante sus fiestas. Por la noche, con serpientes enroscadas en los brazos, se prosternaban ante la triple Hécate; después, en rondas frenéticas, evocaban el Baco subterráneo, de doble sexo y cabeza de toro. Pero, ¡desgraciado del extraño, desgraciado del sacerdote de Júpiter o de Apolo que viniera a espiarlas! Era descuartizado”.

 

Las bacantes se vestían con pequeños trozos de piel de tigre o de pantera, que ceñían a sus nerviosas cinturas con sarmientos verdes. Cada una llevaba su tirso–báculo coronado de hojas de parra o hiedra-, y su tea encendida. Al compás de tamboriles, címbalos, flautas y otros ruidosos instrumentos de percusión y de aire, las bacantes iniciaban sus danzas hasta alcanzar ese estado que los griegos llamaban enthusiasmo (es decir, poseído de un dios), durante el cual las mujeres gritaban el nombre místico del dios, Iacos, o bien ¡Evohé!, que, según los iniciados, era el grito de aliento que Júpiter-Zeus dirigió a su hijo durante la gigantomaquia. Se supone que Evohé equivalía a: ¡Valor, hijo mío!”. (De Evohé derivó Evan, uno de los tantos sobrenombres del dios del vino).

 

En Macedonia, las bacantes eran denominadas clodones y mimalones. Mimas era un monte del Asia Menor, a cuyo pie residía una comunidad de bacantes.

 

Recibieron también el nombre de dodonas, eleidas (por otro de sus gritos extáticos, ¡eleleu!), tíadas y ménades (“furiosas”).

 

Las bacanales lograron una gran difusión en el ámbito del Mediterráneo, incluida la monoteística Palestina y la Siria seléucida y greco-romana posterior.

 

Comentando al escritor H. Jeanmaire, Emile Mireaux dice que “en la Grecia primitiva existió una sociedad de mujeres, en la que se progresaba de iniciación en iniciación. Esas iniciaciones se hallaban vinculadas, en su origen, con los cultos de las grandes divinidades femeninas: Hera, Artemisa, Atena, Deméter, herederas más o menos directas de la Gran Diosa del mundo egeo, diosa del árbol y de la vegetación, dama de las fieras y de la naturaleza salvaje. Habían de ser acaparadas progresivamente y asimiladas por el culto de Dioniso. Iban acompañadas de danzas frenéticas y acompasadas por la flauta, que pronto llevaban a las bailarinas al estado de trance y éxtasis, con la boca abierta, la nuca doblada, todo el cuerpo tenso y echado atrás, en actitudes que evocan las de las clásicas crisis de histeria. Incluían alocadas carreras en procesión, a la luz de antorchas, a través de zonas boscosas y montuosas. Las iniciadas de las más antiguas categorías llevaban sin duda, en esa ocasión, al menos en el culto de Dioniso, la nébrida, la piel de cervatillo, del animal sacrificado para ellas en el curso de una iniciación anterior, sacrificio que iba acompañado generalmente de laceración. Es verosímil, por fin, que algunas de esas iniciaciones, principalmente la que se hacía en la época de la pubertad, exigían un tiempo de retiro a veces bastante prolongado, durante el cual las futuras iniciadas eran sometidas a pruebas, se aislaban y por grupos se escondían en la naturaleza Salvaje.

 

Fuente: Clara Luz Zaragoza. Historia y Mitología del vino. Baco. El Bosque Sagrado. Mundi Prensa. 1964.

Fuente Fotos: Softguides y CNice Mecd. España.





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