1       3
5 6 3 3
3   33 3
3 3 3   3
3 3 3 3

Idioma Español Idioma Ingles
Esp Eng
 

Inicio

Noticias

Staff

Nuestra Editorial

Contacto

Sobre el vino

El vino

Miscelaneas

Degustando

Disfrutar el vino

Guardar el vino

El vino y los amigos

Hombre, vino y tiempo

La vid

Vino Espumante

Vino y Salud

Vinos y comidas

Rutas del Vino

Vino y Merchandising

Nuestros Servicios

Servicios de Alimentos y Bebidas

Proximos Cursos

Curso de Degustacion

Analisis sensorial

Asesoramiento para eventos

Información

Raul de la Mota escritos

Viajar por nuestra tierra

Notas Tecnicas

Links

Escribe el Navegante

Escritos

Regiones Vitivinicolas

Recuerdos

Directorio de Bodegas


1   Diez años de vino y salud.
2
El vino ocupa un puesto relevante como bebida relacionada con la alimentación ¿Qué influencia tiene en nuestra salud?. Por Susana Buxaderas Sánchez.

El vino ha sido y parece que seguirá siendo un alimento discutible de nuestra sociedad. Su propia identidad de bebida alcohólica enciende la polémica y puede llegar a crear posturas extremistas e intransigentes entre los que adoptan actitudes puritanas e incluso prohibicionistas y los irresponsables que olvidan que, aunque su contenido en alcohol sea relativamente bajo, es la dosis de consumo la que condiciona su consideración de droga de abuso.

 

El vino ocupa un puesto relevante en las civilizaciones de la cuenca mediterránea como bebida mítica, religiosa, aristócrata o popular. Teniendo en cuenta su participación en el marco cultural y que forma parte de nuestros hábitos alimentarios, es comprensible que, en respuesta a los continuos ataques de que ha sido objeto, hayan surgido voces que intentaran mostrar sus modestas virtudes. En un principio se trató de defender que su inherente componente alcohólico, en cantidades moderadas, ejercía un papel terapéutico capaz de disminuir el llamado corrientemente «colesterol malo» y de actuar como vasodilatador y antiagregante plaquetario. La repercusión en la sociedad de estos estudios, realizados entre la década de los setenta y ochenta, fue escasa, pues podían interpretarse como un peligro que conllevara un aumento del índice de alcoholismo entre la población. Quedaron enmascarados frente a los múltiples estudios que, en contrapartida, reseñaban las desventajas de fomentar el consumo abusivo de alcohol.

 

Antecedentes del binomio

 

El gran detonante del tema vino–salud fue un coloquio que se transmitió en la cadena de televisión americana CBS, en un programa de gran audiencia, en el que los profesores Serge Renaud de Lyon y Curtis Ellison de Boston comentaron, a raíz de sus estudios epidemiológicos, el papel protector que supone el hábito de beber moderadamente vino, vis à vis las enfermedades cardiovasculares. La prensa se hizo rápidamente eco de esta noticia que difundió como la paradoja francesa. Su divulgación marca un antes y un después en el tema vino y salud. Un buen ejemplo de ello fue la iniciativa de la [antigua] Oficina Internacional de la Viña y el Vino [hoy Organización], único organismo intergubernamental que se ocupa de todos los pormenores de este alimento, que aprobó, en su 73ª Asamblea General –celebrada en San Francisco en septiembre de 1993–, la incorporación de una nueva estructura que pudiera ocuparse del tema vino–salud (resolución Oeno 3/93). El objetivo de la Subcomisión Vino, Nutrición y Salud, nacida de la resolución adoptada por unanimidad fue atender, a través de tres grupos de expertos, los aspectos fisiológicos del consumo de vino y seguir el desarrollo e impulsar las investigaciones en el campo de la salud (Grupo de Expertos Vino y Salud), evaluar la posición y conducta del vino en la sociedad (Grupo de Expertos de Aspectos Sociales del Consumo de Vino), sin olvidar los asuntos que conciernen a seguridad alimentaria a fin de proteger al consumidor (Grupo de Expertos de Seguridad Alimentaria).

 

Desde su creación, la Subcomisión ha revisado el posible nexo que pudiera existir entre los estudios epidemiológicos y el mecanismo de acción o las razones biológicas y bioquímicas que explicaran las correlaciones estadísticas encontradas en los estudios epidemiológicos. Asumió que los compuestos fenólicos permitían sostener que el vino proporcionase mayor beneficio respecto a los accidentes ateroscleróticos, que cantidades equivalentes de alcohol suministrado por otras bebidas como la cerveza o los espirituosos. Estos compuestos cumplían con las expectativas que se habían creado en torno al mayor efecto beneficioso del vino. Dentro del grupo de bebidas alcohólicas, el vino tinto es el más rico en estos compuestos. Además, la pluralidad de propiedades antioxidantes de estas sustancias permitía conferir al vino un papel verosímil en la inhibición o en la interrupción de los procesos oxidativos que rigen en las enfermedades cardiovasculares.

 

Divergencias entre investigadores

 

Hoy en día muchos son los estudios realizados sobre vino y salud, pero los resultados son confusos, especialmente los que podrían ser más contundentes a la hora de obtener evidencias definitivas en este tema, es decir, los que se deducen de estudios realizados con animales de experimentación (ex vivo) o en humanos. Existen fuertes divergencias entre los investigadores. Unos creen que ha quedado claramente demostrado que los compuestos fenólicos reducen la incidencia de enfermedades cardiovasculares porque aumentan la capacidad antioxidante del plasma, son capaces de incorporarse a las lipoproteínas transportadoras del colesterol y de los triglicéridos impidiendo su oxidación, por su acción fibrolítica que obstaculiza la formación de la placa de ateroma, por reducir la formación del tromboxano A2 al disminuir la liberación de ácido araquidónico de las plaquetas, evitando la agregación plaquetaria, por su actividad antiinflamatoria por promover la vasodilatación al aumentar la producción de óxido nítrico, entre otras causas menos notables.

 

Otros investigadores creen que el papel beneficioso del vino se debe a su contenido en alcohol y que los compuestos fenólicos potencian la bondad del componente etanólico, aunque admiten como actividad propia de los fenoles, el aumento de la capacidad antioxidante del organismo. Por último, otros autores se muestran más escépticos e insisten en que sólo el alcohol tiene algún efecto beneficioso, menospreciando la presencia de los compuestos fenólicos.

 

La Subcomisión Vino, Nutrición y Salud es testigo de las posturas que ciertos países y sectores sociales ejercen para que sólo se considere el contenido alcohólico del vino. Presiones económicas y políticas que no tienen nada que ver con las reflexiones científicas, pero que intentan, por todos los medios a su alcance, crear un vacío en el tema vino-salud.

 

Así pues, parece indudable el efecto protectivo frente a las enfermedades cardiovasculares del consumo razonable de vino, aunque no esté claro si se trata tan sólo de su contenido moderado de alcohol o si son preferibles las cualidades antioxidantes de las sustancias fenólicas. La diferencia de efectos –que, en ocasiones, se observa respecto a bebidas de mayor componente alcohólico– podría deberse al modo cómo se ingiere el vino, durante las comidas. Algunos autores apuntan, como factor a tener en cuenta, la acción modulante de los compuestos fenólicos, en el sentido de que reducen los efectos oxidativos que se originan cuando se metaboliza el alcohol, más aún cuando éste, al ser ingerido de forma gradual junto con otros alimentos, provoca un proceso oxidativo de carácter progresivo que puede ser fácilmente contrarrestado por ellos.

 

Últimos avances

 

Más recientemente, las investigaciones se han extendido más allá de la patología cardiovascular. Otros procesos degenerativos, como los tumorales, la demencia senil y la diabetes, se han situado en el centro de mira de los estudios diseñados para establecer beneficios específicos de los compuestos fenólicos. En ellos, ya no se trata tan sólo de acreditar las actividades antioxidantes de estas sustancias, sino también la posible acción estrogénica de algunos de ellos y las repercusiones que pueden generar por el bloqueo que ejercen sobre algunos enzimas. El resveratrol, por ejemplo, posee cierta similitud estructural con los estrógenos, por lo que puede ser reconocido por receptores hormonales. La acción antitumoral se ha supuesto no sólo por la eficacia estrogénica y antiinflamatoria, sino también por sus propiedades inactivadoras de enzimas, como en el caso de la proteincinasa, lo cual conlleva la inhibición del desarrollo de células tumorales. Sin embargo, la inhibición de enzimas no parece ser específica, y del mismo modo que se bloquean enzimas de actividad indeseable, también puede ocurrir que se inhiban otras de interés; este aspecto aún no ha sido contemplado, ya que la investigación se ha focalizado en la justificación de los efectos saludables.

 

Medidas de advertencia

 

Las numerosas investigaciones que se han llevado a cabo han puesto de manifiesto mecanismos bioquímicos que pueden explicar los efectos beneficiosos del vino, bien por su contenido en alcohol, bien por la conjunción de éste y de los compuestos fenólicos. No obstante, desde su responsabilidad, la Subcomisión Vino, Nutrición y Salud de la OIV cree necesario hacer un llamamiento a la prudencia. Si bien es cierto que el consumo moderado de vino no es perjudicial para la salud, todavía existen muchas incógnitas por resolver. Las divergencias entre autores pueden ser confundidas con influencias de otros factores de tipo educacional, de hábitos alimentarios y de estilo de vida. También podría ser que los efectos beneficiosos dependieran de características genotípicas particulares de los individuos.

 

La Subcomisión Vino, Nutrición y Salud de la OIV, consciente de su compromiso con la profesión médica, las administraciones y el consumidor, se ha visto obligada a responder a la exagerada plaga de efectos beneficiosos que se han pretendido imputar al vino. Como medida de equilibrio y de advertencia ha elaborado una resolución, para que en todos los documentos preparados por la OIV sobre el tema vino–salud, se haga referencia a que el consumo abusivo de cualquier bebida alcohólica encierra consecuencias nocivas desde un punto de vista individual y social (resolución Oeno 9/2003 aprobada en junio de 2003 por la 83ª Asamblea General de la OIV ).

 

Por este motivo y previniendo la posible aparición de estudios que pudieran desmitificar el valor nutricional del vino, su consumo debe sustentarse en el placer que otorga, en esa armonía que concede cuando se comparte su degustación con otros alimentos y en su oportunidad saludable como producto que puede participar de nuestra ración alimentaria.  [28/10/03] 

 

Fuente: Susana Buxaderas Sánchez. Presidenta del Grupo de Expertos de Seguridad Alimentaria de la Subcomisión Vino, Nutrición y Salud de la OIV. 

ACE 





3
b5 b4

 

 

 
tops
Ingrese la palabra clave
 

2
1

2
3
4
1
 
weq
 
4 6 5

Si tuviera que elegir un vino para regalar, escogería:
Un vino de $ 50 a $ 100
Un vino de $ 25 a $ 50
Un vino de $ 5 a $ 25
2 1 3
 

Av. San Martin 5326. 5505 Carrodilla. Lujan de Cuyo.
Mendoza. Republica Argentina
Teléfonos: +54 0261 4960441 / 156544288- 155251840.
Informes a: info@videsyvinos.com