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1   El gran establecimiento vitivinícola de los señores Giol y Gargantini: LA COLINA DE ORO
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Fue la bodega más grande el mundo. Llego a producir más de 30.000.000 de litros anuales. Conozca su historia…
Uno de los orgullos más legítimos de la Mendoza industrial lo constituye, sin duda alguna, el suntuoso establecimiento vitivinícola “La Colina de Oro”, de los esforzados y activos industriales señores Giol y Gargantini, situado en el departamento de Maipú.
Conocíamos el prestigio y la resonancia comercial que ese establecimiento ha logrado alcanzar en pocos años, pero, francamente, todos los cálculos que nos hiciéramos sobre su grandeza y poderío resultaron pequeños.
Aceptando una afectuosa invitación del estimable caballero mendocino, don Prudencio Capetillo, jefe político de Maipú, un día apacible y lleno de sol nos dirigimos a la bodega de referencia.
─Va usted a visitar el establecimiento vitivinícola más grande del mundo ─ nos decía con firmeza nuestro acompañante.─Verá usted una bodega instalada de acuerdo con un plan de extraordinaria armonía y que produce 150.000 bordelesas de vino por año, es decir, 300.000 hectolitros, ¡ cantidad suficiente para saciar en un día la sed y poner un poco alegres a 30.000 hombres!
─ ¡Una fábula maravillosa!
En la bodega fuimos amablemente recibidos y agasajados por uno de sus propietarios, el señor Gargantini, quien nos permitió visitar todas las reparticiones del establecimiento, dándonos al propio tiempo los datos históricos sobre su fundación, desarrollo y trabajos actuales.
A primera vista, “La Colina de Oro” produce la impresión de un vasto establecimiento. Todo, desde su entrada principal, hasta las obscuras catacumbas que atesoran millones de litros de vino genuino y generoso, dan la sensación de una enorme grandeza.
Antes de narrar aquí las innumerables instalaciones de “La Colina de Oro”, bueno es que hagamos conocer á nuestros lectores toda la serie de esfuerzos y actividades que sus propietarios han realizado durante largos años para conseguir la brillante posición industrial que ocupan en el presente.
Los señores Giol y Gargantini llegaron a Mendoza sin más fortuna que sus brazos, mucha fe en el porvenir y sus robustas inteligencias para las empresas comerciales.
En el año de 1898, después de haber luchado con bravura contra todo género de adversidades, se conocieron y ambos llegaron á pensar en una unión social como principio de victoria. El señor Giol, activo, poseedor de un temperamento propicio para la comprensión de las grandes operaciones y de un talento práctico probado, se unió al señor Gargantini, trabajador incansable y diestro, espíritu sereno y batallador.
Establecida la sociedad en el año citado, comenzaron sus trabajos con una bodega de proporciones reducidas y una producción de vino también limitada.
Año por año, siempre en la brega diaria, sacrificando instantes, hurtando momentos á las afecciones de cada uno, trabajando á la par de sus empleados y desafiando todo género de incomodidades y desasosiegos, los señores Giol y Gargantini fueron ensanchando con paso firme y paulatinamente la órbita del establecimiento.
El vino marca Toro, acreditado hoy ventajosamente en toda la república, desde el añ 1899 en que fue registrado, siguió teniendo grandes demandas merced á su pureza innegable.
Así, de progreso en progreso, el modesto establecimiento fue ensanchando sus instalaciones, vasijas, depósitos, maquinarias, etc.
“La Colina de Oro” ocupa actualmente uno de los primeros puestos entre los establecimientos vitivinícolas del país.
La bodega ocupa una extensión considerable en el departamento Maipú, vecino á la capital de la provincia.
Tiene amplios salones destinados a la fermentación y conservación de los vinos. Hay alrededor, de una cincuentena de departamentos, entre los cuales figuran ocho grandes salones subterráneos con grandes vasijas de cemento y toneles de roble de una capacidad de 300 á 550 hectolitros cada uno.
Dichos subterráneos desde todo punto de vista constituyen un esfuerzo y una honra para la industria argentina. Están construídos con arreglo á planos arquitectónicos severísimos.
Los señores Giol y Gargantini poseen en Maipú y en Rivadavia centenares de hectáreas de viñedos en plena producción.
El progreso productivo de la bodega ha ido aumentando rápidamente. De 10, 15, 20, 25 y 30.000 bordalesas que elaboraban en los primeros años, han dado un salto formidable á las cifras de 80, 90, 100, 120 y 160.000 bordalesas que elaboraron y vendieron durante el año 1909.
Estos simples datos, cuya exactitud hemos podido comprobar debidamente, nos evitan hacer comentarios sobre la potencialidad de “La Colina de Oro”. En la bodega existen todas las instalaciones mecánicas inherentes á un enorme establecimiento. Las maquinarias, las vasijas, el taller de tonelería, el orden que reina en todo el funcionamiento de la casa, dejan advertir una dirección sabia.
Los departamentos que contienen los grandes toneles destinados á la conservación de los vinos parecen salas de recibo, tal es la higiene que se ve por todas partes.
Mientras visitábamos la bodega, nos llamó la atención una enorme montaña de bordalesas desarmadas, en atados de diez, que se encontraban en uno de los patios laterales. Interrogado por nosotros, el señor Gargantini nos dijo:
— Son 70.000 bordalesas que acaban de llegarnos de Norte-América… Mañana esperamos otra remesa.— “La Colina de Oro” aumenta su producción año por año. Sus progresos no se detienen. El vino marca Toro tiene tanto crédito en el país, que los señores Giol y Gargantini se ven en serios apuros para dar cumplimiento á los pedidos que le hacen sus representantes en el Rosario de Santa Fe y en Buenos Aires.
En uno de los costados de la bodega, los señores Giol y Gargantini han construído recientemente dos hermosos chalets, destinados para viviendas particulares.
Salvo una sociedad anónima ítalo-suiza de California, que elabora 120.000 bordalesas anuales, en el mundo no hay una bodega que alcance la producción de la de los señores Giol y Gargantini.
Dentro de poco tiempo “La Colina de Oro” tendrá un tranvía eléctrico propio que unirá á la bodega con las estaciones General Gutiérrez y Maipú. El desarrollo incesante del establecimiento obliga á sus propietarios á ensanchar periódicamente sus medios de trabajo y de transporte. El tranvía de referencia simplificará mucho el servicio de expedición que actualmente hacen 350 carros y 1.400 mulas.
La expansión comercial de los señores Giol y Gargantini les ha obligado a construir un galpón propio con capacidad para 10.000 bordalesas en la estación General Gutiérrez.
Están encargadas de vender los vinos marca Toro en el Rosario de Santa Fe, las reputadas firmas de Santiago Pinasco y C.ª, Blas Gallo y Pablo Sardino; y en Buenos Aires, las de Stampanoni y Paninghetti, Risso Hnos. y Cía y Fratelli Nardin, todas bien conocidas y acreditadas.

Fuente: Revista Caras y Caretas. Número 607 Aniversario, 1810- 1910
Uno de los orgullos más legítimos de la Mendoza industrial lo constituye, sin duda alguna, el suntuoso establecimiento vitivinícola “La Colina de Oro”, de los esforzados y activos industriales señores Giol y Gargantini, situado en el departamento de Maipú.
Conocíamos el prestigio y la resonancia comercial que ese establecimiento ha logrado alcanzar en pocos años, pero, francamente, todos los cálculos que nos hiciéramos sobre su grandeza y poderío resultaron pequeños.
Aceptando una afectuosa invitación del estimable caballero mendocino, don Prudencio Capetillo, jefe político de Maipú, un día apacible y lleno de sol nos dirigimos a la bodega de referencia.
─Va usted a visitar el establecimiento vitivinícola más grande del mundo ─ nos decía con firmeza nuestro acompañante.─Verá usted una bodega instalada de acuerdo con un plan de extraordinaria armonía y que produce 150.000 bordelesas de vino por año, es decir, 300.000 hectolitros, ¡ cantidad suficiente para saciar en un día la sed y poner un poco alegres a 30.000 hombres!
─ ¡Una fábula maravillosa!
En la bodega fuimos amablemente recibidos y agasajados por uno de sus propietarios, el señor Gargantini, quien nos permitió visitar todas las reparticiones del establecimiento, dándonos al propio tiempo los datos históricos sobre su fundación, desarrollo y trabajos actuales.
A primera vista, “La Colina de Oro” produce la impresión de un vasto establecimiento. Todo, desde su entrada principal, hasta las obscuras catacumbas que atesoran millones de litros de vino genuino y generoso, dan la sensación de una enorme grandeza.
Antes de narrar aquí las innumerables instalaciones de “La Colina de Oro”, bueno es que hagamos conocer á nuestros lectores toda la serie de esfuerzos y actividades que sus propietarios han realizado durante largos años para conseguir la brillante posición industrial que ocupan en el presente.
Los señores Giol y Gargantini llegaron a Mendoza sin más fortuna que sus brazos, mucha fe en el porvenir y sus robustas inteligencias para las empresas comerciales.
En el año de 1898, después de haber luchado con bravura contra todo género de adversidades, se conocieron y ambos llegaron á pensar en una unión social como principio de victoria. El señor Giol, activo, poseedor de un temperamento propicio para la comprensión de las grandes operaciones y de un talento práctico probado, se unió al señor Gargantini, trabajador incansable y diestro, espíritu sereno y batallador.
Establecida la sociedad en el año citado, comenzaron sus trabajos con una bodega de proporciones reducidas y una producción de vino también limitada.
Año por año, siempre en la brega diaria, sacrificando instantes, hurtando momentos á las afecciones de cada uno, trabajando á la par de sus empleados y desafiando todo género de incomodidades y desasosiegos, los señores Giol y Gargantini fueron ensanchando con paso firme y paulatinamente la órbita del establecimiento.
El vino marca Toro, acreditado hoy ventajosamente en toda la república, desde el añ 1899 en que fue registrado, siguió teniendo grandes demandas merced á su pureza innegable.
Así, de progreso en progreso, el modesto establecimiento fue ensanchando sus instalaciones, vasijas, depósitos, maquinarias, etc.
“La Colina de Oro” ocupa actualmente uno de los primeros puestos entre los establecimientos vitivinícolas del país.
La bodega ocupa una extensión considerable en el departamento Maipú, vecino á la capital de la provincia.
Tiene amplios salones destinados a la fermentación y conservación de los vinos. Hay alrededor, de una cincuentena de departamentos, entre los cuales figuran ocho grandes salones subterráneos con grandes vasijas de cemento y toneles de roble de una capacidad de 300 á 550 hectolitros cada uno.
Dichos subterráneos desde todo punto de vista constituyen un esfuerzo y una honra para la industria argentina. Están construídos con arreglo á planos arquitectónicos severísimos.
Los señores Giol y Gargantini poseen en Maipú y en Rivadavia centenares de hectáreas de viñedos en plena producción.
El progreso productivo de la bodega ha ido aumentando rápidamente. De 10, 15, 20, 25 y 30.000 bordalesas que elaboraban en los primeros años, han dado un salto formidable á las cifras de 80, 90, 100, 120 y 160.000 bordalesas que elaboraron y vendieron durante el año 1909.
Estos simples datos, cuya exactitud hemos podido comprobar debidamente, nos evitan hacer comentarios sobre la potencialidad de “La Colina de Oro”. En la bodega existen todas las instalaciones mecánicas inherentes á un enorme establecimiento. Las maquinarias, las vasijas, el taller de tonelería, el orden que reina en todo el funcionamiento de la casa, dejan advertir una dirección sabia.
Los departamentos que contienen los grandes toneles destinados á la conservación de los vinos parecen salas de recibo, tal es la higiene que se ve por todas partes.
Mientras visitábamos la bodega, nos llamó la atención una enorme montaña de bordalesas desarmadas, en atados de diez, que se encontraban en uno de los patios laterales. Interrogado por nosotros, el señor Gargantini nos dijo:
— Son 70.000 bordalesas que acaban de llegarnos de Norte-América… Mañana esperamos otra remesa.— “La Colina de Oro” aumenta su producción año por año. Sus progresos no se detienen. El vino marca Toro tiene tanto crédito en el país, que los señores Giol y Gargantini se ven en serios apuros para dar cumplimiento á los pedidos que le hacen sus representantes en el Rosario de Santa Fe y en Buenos Aires.
En uno de los costados de la bodega, los señores Giol y Gargantini han construído recientemente dos hermosos chalets, destinados para viviendas particulares.
Salvo una sociedad anónima ítalo-suiza de California, que elabora 120.000 bordalesas anuales, en el mundo no hay una bodega que alcance la producción de la de los señores Giol y Gargantini.
Dentro de poco tiempo “La Colina de Oro” tendrá un tranvía eléctrico propio que unirá á la bodega con las estaciones General Gutiérrez y Maipú. El desarrollo incesante del establecimiento obliga á sus propietarios á ensanchar periódicamente sus medios de trabajo y de transporte. El tranvía de referencia simplificará mucho el servicio de expedición que actualmente hacen 350 carros y 1.400 mulas.
La expansión comercial de los señores Giol y Gargantini les ha obligado a construir un galpón propio con capacidad para 10.000 bordalesas en la estación General Gutiérrez.
Están encargadas de vender los vinos marca Toro en el Rosario de Santa Fe, las reputadas firmas de Santiago Pinasco y C.ª, Blas Gallo y Pablo Sardino; y en Buenos Aires, las de Stampanoni y Paninghetti, Risso Hnos. y Cía y Fratelli Nardin, todas bien conocidas y acreditadas.

Fuente: Revista Caras y Caretas. Número 607 Aniversario, 1810- 1910.
Foto 1.- Uno de los ocho sótanos de conservación.
Foto 2.- Frente y entrada principal de la bodega "La Colina de Oro", de Maipú (Mendoza). Foto 3.- Trasegando vinos en uno de los depósitos. Foto 4.- Costado izquierdo del salón de las máquinas.





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