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1   ¿Cómo era la Industria Vitivinícola de Mendoza en 1910?
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Al cumplirse el primer centenario de nuestra independencia, la editorial de Caras y Caretas publicó un apasionante artículo sobre los entretelones de la industria y sus vinos. Conózcala…
Al cumplirse el primer centenario de nuestra independencia, la industria vitivinícola argentina se encuentra en un estado de extraordinario progreso. Por su producción, sus capitales y su incesante florecimiento, ella figura entre las más importantes actividades del país. Si bien ha pasado en años anteriores por diversas alternativas y vicisitudes, ocasionadas la mayor parte de las veces por falta de capitales que dieran expansión, en la actualidad ha quedado definitivamente cimentada. Su riqueza presente, ya de por sí muy valiosa, hace prever que tiene por delante un porvenir envidiable.

Le ha tocado en suerte la supremacía productiva a la provincia de Mendoza, centro principal de la vitivinicultura nacional, que cuenta con establecimientos de primer orden u con una extensión de treinta mil hectáreas de viñedos.
En el presente número de nuestros lectores podrán advertir la vastedad de algunas bodegas mendocinas por las notas gráficas que publicamos.

La vitivinicultura comenzó a desarrollase en Mendoza hacia el año 1870. El desenvolvimiento inicial fue lento y tuvo las oscilaciones inherentes a todo principio industrial. Sin embargo, año por año, la extensión de los viñedos aumentó, la ciencia vinícola se fue extendiendo, estableciéndose bodegas de acuerdo con planes prácticos y modernos y el progreso no se detuvo. Grandes capitales fueron destinados para la explotación de esa industria. Los gobiernos se preocuparon de facilitar los medios necesarios para el aumento de la producción, de suerte que hoy, Mendoza es un centro industrial cuya importancia queda evidenciada con los datos estadísticos que publicamos enseguida.

Revela eficazmente el rápido ascenso de la producción el dato sugestivo siguiente: en el año 1885, sólo existían alrededor de 2.000 hectáreas de viñedos, suma que actualmente se eleva a 30.215 en los dieciséis departamentos de la provincia a saber:
Maipú, 8.459 hectáreas; Guaymallén 4.605; Luján de Cuyo, 4.225; San Martín, 2.415; San Rafael, 2.260; Rivadavia, 2.067; Belgrano, 1.600; Junín, 1.580; Las Heras, 1.324; Ciudad, 550; San Rosa, 349; San Carlos, 223; Tunuyán, 198; Lavalle, 165; La Paz, 151 y Tupungato, 34, que suman en conjunto 30.215 hectáreas, justipreciadas en 105.752.500 pesos moneda nacional.

El señor Ricardo Palencia, presidente de la Bolsa Vitivinícola de Mendoza, en la interesante monografía publicada en el tomo III del •”Censo Agropecuario Nacional”, abunda en datos científicos y estadísticos, que ponen de relieve sobradamente el magnífico florecimiento de la industria vitivinícola argentina y el maravilloso porvenir que le está destinado, particularmente a la establecida en Mendoza.

“Mendoza – dice el señor Palencia – con clima seco y templado, si bien inconstante a veces, no obstante sus heladas tardías y algún granizo, ofrece, al igual que San Juan, condiciones óptimas para la vitivinicultura. A su temperatura media que oscila entre los 18 y 19 grados, suficiente para el debido desarrollo de la vid y la madurez de la uva, debe agregarse la sequedad del clima, que da una media anual de 179.6 milímetros de lluvias. Su suelo arenoarcilloso, por otra parte, es rico en potasa, cal y ácido fosfórico, en los departamentos del oeste u algunos del sud, y arenoso, rico en materias orgánicas, sales y humus, e igualmente feraz, aunque algo húmedo, en los del norte y este.

Con mayor caudal de agua que San Juan, que le proporcionan sus cuatro importantes ríos: Mendoza, Tunuyán, Diamante y Atuel – sin contar sus numerosas vertientes – reparte ésta, por 141 canales principales y los 169 secundarios, con una extensión total de 1.908 kilómetros, que benefician una superficie cultivada de 300.000 hectáreas, de propiedad de 10.601 vecinos.
La provincia lleva invertida hasta la fecha, en sus obras hidráulicas, diques, docks distribuidores, etc, más de dos millones de seiscientos mil pesos moneda nacional (2.600.000 $ m/n.) e invierte anualmente, en la administración y sostén de las mismas, más de un millón de pesos moneda nacional (1.000.000 pesos moneda nacional).
La irrigación constituye en esta zona la base esencial de la agricultura, debido a la excesiva sequedad del clima y a la escasez de las lluvias que harían imposible aquella.
Si tanto esta provincia como la de San Juan adoptaran el sistema de diques de represa para los sobrantes de sus ríos en las creces del verano, las zonas de sus cultivos respectivos podrán extenderse aún a muchos miles de hectáreas.

Mendoza cuenta con 910 bodegas en pleno funcionamiento. Algunas, por las grandes proporciones de sus edificios, maquinarias e instalaciones, pueden equipararse a los establecimientos similares del viejo mundo. Ocho de ellas están evaluadas en un costo no menor a un millón de pesos; doce cuyo valor oscila entre los 500.000 y 700.000 pesos. Existe asimismo una considerable cantidad cuyo valor está justipreciado entre 100.000 y 200.000 pesos moneda nacional.
Por la demostración gráfica que figura en estas páginas, se verá que la República Argentina ocupa el primer puesto entre los países productores de vino del continente americano. De los 3.171.000 hectólitros que produce el país, corresponden a la provincia de Mendoza 2.300.000 hectólitros, cuyo valor alcanza a la suma de pesos 38.400.000 moneda nacional.

Existen anexas a las bodegas 352 destilerías que elaboran 2.872.853 litros de alcohol y flegmas. La exportación de la uva para el litoral alcanza asimismo a una cantidad importante: 6.640 toneladas. Este comercio vitícola aumenta considerablemente cosecha por cosecha.

Con respecto a los tipos de vino que produce la industria vinícola de la provincia, publicamos aquí los informes del enólogo, señor Palencia:
Mendoza, elabora una crecida variedad de tipos de vinos, aunque su mayor producción puede englobarse en los siguientes tipos bien definidos: el “criollo”, producto de la uva de vides de origen español, degeneradas, tiene un color dudoso, que oscila entre el paja y el rojizo; es casi siempre abocado y bastante alcohólico. El tipo denominado “francés”, comprende el producto de sus uvas negras de las variedades de las vides de procedencia francesa, predominando el de la uva Malbeck, de cualidades recomendables por su firmeza, color vivo, franco paladar y de bastante buena guarda. Sobresale también, el de tipo Cabernet, vino de exquisito color, sabor y bouquet, y de condiciones excepcionales para el añejamiento y expendio en botellas.
Entre los vinos blancos, se distinguen el Semillón y el Sauvignon, que han adquirido ya justo renombre y son tipos que por sus buenas cualidades pueden competir en el consumo europeo.
El tipo italiano Barbera, que también se elabora, tiene muy buena acogida en el comercio, lo cual alienta su producción.

La industria mendocina, aunque en cantidades limitadas por ahora, libra ya al consumo y con cierto éxito alentador, vinos similares a los tipos Marsala, Jerez y Oporto.

Sus vinos licorosos, tipos moscateles, tienen franca aceptación por sus particularidades de delicadeza, finura de paladar y aroma exquisito.
La elaboración de vinos gasificados a base de vinos blancos, tendrá un buen consumo, una vez que la actuación comercial con ellos sea más activa.

Es, además recomendable y digno de despertar el espíritu de emulación noble, la elaboración de vinos tipo Champagne, que, con el elemento de la uva Pinots, fabrican hoy en la provincia dos establecimientos de importancia, cuyos productos van adquiriendo renombre, tanto por sus cualidades intrínsecas, cuanto por sus condiciones perfectas de presentación al mercado.

Terminamos estos datos estadísticos señalando el precio subido que pagan los vinos de la región andina por el flete de traslado a Buenos Aires. Son precios que evitan todo género de comentarios: una tonelada de vino paga, desde cualquier puerto de Francia, España o Italia a Buenos Aires, 12 pesos moneda nacional, y desde San Juan o Mendoza al mismo punto, 36, es decir que calculando la tonelada en cinco bordelesas de doscientos litros, cada una de ellas, desde Europa al puerto Madero, abona 2,40 pesos moneda nacional del flete, mientras que desde cualquier estación de las provincias de Mendoza y San Juan debe pagar 7,20 pesos.
Esta tarifa, a todas luces, poco equitativa, perjudica sensiblemente a la industria vinícola Argentina.

Fuente: Revista Caras y Caretas. Número 607 Aniversario, 1810- 1910





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